
El impacto de la tensión comercial entre Ecuador y Colombia ya se siente en algo tan cotidiano como la taza de café. En las últimas semanas, el precio del café instantáneo —uno de los productos más consumidos en el país— ha registrado incrementos significativos, sorprendiendo a consumidores y comerciantes.
El alza no es casual. Durante días anteriores, los importadores lograron sostener los precios gracias a inventarios adquiridos antes del conflicto. Sin embargo, una vez agotadas esas reservas, el ajuste fue inevitable. Hoy, productos que antes eran accesibles han subido hasta en un 50%, marcando una diferencia evidente en la canasta familiar.
El mercado ecuatoriano depende en gran medida del café soluble colombiano. Aunque Ecuador produce café, este corresponde principalmente a grano, mientras que el consumo masivo se concentra en presentaciones instantáneas. Esta dependencia ha dejado al país expuesto ante cualquier interrupción o encarecimiento en la cadena de importación.
El efecto no solo se refleja en los precios, sino también en la disponibilidad. Comerciantes reportaron semanas de escasez y una reducción en las ventas, mientras los consumidores comienzan a buscar alternativas más económicas, incluso de otros países.
A esto se suma un contexto en el que el consumo de café venía creciendo de forma sostenida, impulsado por cambios en los hábitos y el auge de cafeterías. Ahora, ese crecimiento enfrenta un nuevo desafío: el aumento de costos.
La situación deja en evidencia una realidad más amplia. Más allá del café, la disputa comercial está impactando directamente en productos básicos y en la economía diaria de miles de familias, que hoy deben ajustar sus decisiones de compra frente a precios cada vez más altos.
