
A casi una década del terremoto de 2016, Pedernales aún vive entre la reconstrucción y el temor. En la ciudad manabita, la mayoría de viviendas no supera los dos pisos, y los pocos edificios altos se reducen a contadas excepciones, reflejando una secuela invisible del desastre: el miedo a construir en altura.
Habitantes como Carlos Giler aseguran que la ciudad cambió por completo tras la tragedia. “A la gente le da miedo construir muchos pisos”, comenta mientras observa un centro urbano que, pese a haber sido reconstruido, se mantiene bajo en su estructura.
En el centro, el día a día transcurre entre mototaxis, comercios y calles congestionadas, pero también con desorden y problemas sociales que, según moradores, han aumentado con el tiempo. Algunos incluso afirman que el número de víctimas del terremoto fue mayor al reportado oficialmente.
“Pedernales no era así antes”, dicen los habitantes, quienes recuerdan que varias edificaciones colapsadas dejaron una huella profunda que aún no desaparece del todo.
Diez años después, la ciudad intenta avanzar, pero sigue marcada por la memoria del sismo y por una reconstrucción que, para muchos, aún no está completa.
