
El embalse de Mazar, pieza clave del sistema hidroeléctrico ecuatoriano, enfrenta una reducción acelerada de su nivel de agua en medio de un periodo de estiaje y alta demanda energética. Desde el 13 de marzo de 2026 hasta el 5 de abril, la cota descendió de 2.154 a 2.136 metros sobre el nivel del mar, es decir, una caída de 18 metros en apenas 23 días.
La situación se ha agravado en las últimas semanas: desde el 24 de marzo, el nivel del agua disminuye a un ritmo cercano a un metro diario. De mantenerse esta tendencia y si no se registran lluvias significativas, el embalse alcanzaría el nivel crítico de 2.115 msnm en aproximadamente 21 días, es decir, en la última semana de abril.
Este escenario preocupa porque históricamente, cuando Mazar ha descendido por debajo de ese umbral, el país ha enfrentado cortes de energía. Así ocurrió en abril de 2024, cuando la cota llegó a 2.109 msnm y se implementaron apagones programados.
El descenso del embalse responde principalmente a la falta de lluvias en las cuencas que alimentan el complejo Paute, así como a un incremento en la demanda eléctrica. En marzo de 2026, el consumo alcanzó picos históricos, llegando a 5.274 megavatios, impulsado en parte por el mayor uso de sistemas de climatización en la Costa.
Mazar es fundamental dentro del complejo hidroeléctrico Paute —ubicado entre Cañar y Azuay— que en conjunto aporta alrededor del 38% de la energía del país. Además, su operación influye directamente en otras centrales como Paute-Molino y Sopladora.
A esto se suma que Coca Codo Sinclair, la central más grande del país, opera actualmente a cerca del 40% de su capacidad debido a bajos caudales, lo que limita la capacidad de compensar la caída en generación.
Expertos coinciden en que, ante este panorama, la única salida inmediata para evitar nuevos apagones es que se incrementen las lluvias en abril. De lo contrario, será necesario recurrir a medidas como la importación de energía y restricciones al consumo en sectores industriales de alta demanda.
