
El eventual desarrollo del fenómeno de El Niño durante la segunda mitad de 2026 abre un escenario de preocupación para el sector energético en la región andina, especialmente por sus posibles efectos en la generación eléctrica de Colombia y su impacto indirecto en Ecuador.
Autoridades meteorológicas colombianas han advertido que este evento climático se caracterizaría por una reducción de las lluvias y un aumento de temperaturas, factores que suelen provocar una caída en los niveles de los embalses y limitar la producción hidroeléctrica.
Según proyecciones del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), existe la posibilidad de que las condiciones del fenómeno comiencen a evidenciarse desde mediados de 2026, con mayor intensidad hacia el último trimestre del año.
Riesgos en la oferta energética regional
Colombia ya enfrentó dificultades energéticas en episodios anteriores de El Niño, cuando la disminución de lluvias obligó a restricciones en el consumo y redujo su capacidad de exportación eléctrica.
En ese contexto, Ecuador llegó a depender de la energía importada desde su vecino del norte, lo que evidenció la interconexión del sistema eléctrico regional y su vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos.
Posibles efectos en Ecuador
Especialistas advierten que, si el fenómeno se presenta con fuerza, Ecuador podría enfrentar un doble impacto: por un lado, mayores lluvias en la Costa que generan riesgos de inundaciones, y por otro, menor disponibilidad de agua en zonas clave para la generación hidroeléctrica.
Esto podría presionar nuevamente el sistema eléctrico nacional durante los periodos de mayor demanda o estiaje, aumentando la necesidad de planificación preventiva.
Escenario aún incierto
Aunque las probabilidades de formación del fenómeno varían entre distintos modelos internacionales, los pronósticos coinciden en que existe una posibilidad relevante de desarrollo de El Niño en 2026.
Expertos insisten en que, más allá de la intensidad final del evento, es fundamental que los países de la región se preparen con anticipación para reducir su impacto en sectores estratégicos como el energético.
