El impacto de las sequías en la Amazonía se ha intensificado en los últimos años, asociado al avance del cambio climático, la deforestación y la presión sobre los recursos naturales. Esto ha provocado alteraciones en el equilibrio del ecosistema y en la disponibilidad de agua.
Sin embargo, el fenómeno no se presenta de forma uniforme. Algunas zonas del bosque muestran mayor capacidad de adaptación, especialmente aquellas con mejores condiciones de humedad subterránea o con especies más resistentes a la falta de agua.
En contraste, otras áreas —sobre todo en el sur de la región— evidencian mayor vulnerabilidad debido a la intervención humana y a características del suelo que dificultan la retención de humedad.
Aunque existen estos focos de resistencia natural, los expertos advierten que la repetición de eventos extremos está reduciendo la capacidad de recuperación del ecosistema.
El escenario actual refleja una Amazonía presionada, donde la resiliencia existe, pero no es suficiente para contrarrestar el deterioro ambiental si no se refuerzan las acciones de conservación.
