
A sus 81 años, Polo Carrera, el legendario número 10 de Liga de Quito, enfrenta el reto más duro de su vida. Después de superar un cáncer óseo, un infarto y una cirugía complicada en la rodilla que casi lo deja inmóvil, el exfutbolista lucha por mantenerse de pie, apoyado por su familia y el aliento de miles de hinchas que lo siguen en redes sociales.
En la sala de su casa en Quito, rodeado de recuerdos de su carrera —fotografías, álbumes y medallas— Carrera revive la historia de un guerrero que, desde los ocho años, superó la pérdida de la visión del ojo derecho y se adaptó para brillar en la cancha. Jugó en Liga de Quito, Peñarol de Uruguay, Fluminense de Brasil y varios equipos ecuatorianos, dejando un legado imborrable.
Su nieta, María Paz Cerón, decidió intervenir cuando vio que la salud de Carrera se debilitaba. Con un emotivo reel en Instagram, recopiló imágenes y recuerdos del abuelo y pidió apoyo a los hinchas. La respuesta fue inmediata: miles de mensajes de cariño, likes y compartidos que devolvieron energía y esperanza al histórico jugador.
Carrera ahora sigue una rutina de rehabilitación diaria, con ejercicios que le permiten levantarse pese a las secuelas de la cirugía y los tratamientos médicos. Su bastón y la ayuda de su familia son sus aliados, mientras continúa enfrentando esta “última batalla” con la misma determinación que lo convirtió en leyenda del fútbol ecuatoriano.
El exjugador asegura que el amor de quienes lo rodean y el reconocimiento de los aficionados le dan fuerzas para seguir adelante. “Siento que algo bueno hice, que algo valgo en el fútbol”, afirma, con la mirada firme y la determinación intacta que siempre lo caracterizó en la cancha.
